miércoles, 22 de noviembre de 2017

Producto de consumo

¿Y seguro que es así? ¿Si no nos escondemos vendrán a por nosotras y se nos llevarán? ¿Por qué? ¿Se nos llevará cualquiera? Creo que sigo sin entenderlo. ¿Qué tengo yo que no tengan ellos? ¿Es acaso por nuestra piel? ¿Es porque somos pobres? ¿Es porque no les quisimos regalar comida? ¿Por qué se comportan como dioses que pueden tenerlo todo? ¿Por qué sus países no les dicen que esto está mal? Creo que estoy empezando a entenderlo. ¿Es por esto no? Quieren tener hijos y no saben cómo, es normal, son simples animales. ¿Por qué no se lo explicamos? A lo mejor si lo entienden podemos ayudarles. Mamá, ¿Por qué lloras?

-"… y 8 años, Sisa."

Te quiero, Sisa.

Hoy

Ya no te quiero.
La cáscara hermosa del espejo solo envuelve tu fantasma. No eres más que una estatua de sal. Rompe el vidrio, no es tu reflejo. Ni esa mierda cobarde es amor.
Casi no te recordaba.
Olvidada en un rincón está la imperfecta, la dulce, la despeinada. La valiente. La fuerte. La que araña en la grieta minúscula por la que aún entra la luz y derriba el muro del miedo. La madre. La hija. La amiga. La de verdad.
Me he echado mucho de menos.
¡Cómo te quiero!

Una gran decisión

Era el matón del grupo pero muy dulce con las mujeres, seducía a las chicas con palabras lisonjeras y con dotes de buen bailarín.
A todas les prometía boda.
Supo que su fiel novia estaba embarazada.
La historia se repetía.
Se sintió cansado.
Recordó que su madre le inculcó aquellos valores de grandeza, incluida la de perdonar y de saberse perdonar, predicaba con el ejemplo, era grande ante la adversidad.
En su mente sonó una voz, la de su madre que le insistía que a la mujer había que protegerla.
Vio la ecografía de su hijo, le pareció igual a sí mismo.
Tomó una gran decisión:
Dejaría atrás su pasado de mentiroso, perdonándose.
Lucharía por su retoño.

Salud, dinero y amor


La pareja de ancianos está sentada en el columpio de su jardín contemplando el atardecer de un benigno verano. Comparten cigarrillo y un vaso de licor caro.  Él apoya el brazo sobre el hombro de ella. Sin mover la cabeza, susurra: "La enfermedad nos ha respetado". Ella asiente en silencio. "Nos hemos matado a trabajar, pero hemos ganado más que suficiente. Y los chichos nos han salido buenos".  Ella vuelve a asentir, sin mirarle. Él gira la cabeza y le espeta: "¿Te ha faltado algo?".  Ella se vuelve lentamente hacia él, mira fijamente a sus ojos y, delicadamente, responde: "Un poquito de amor".
Él levanta la cabeza a las nubes oscuras mientras una gota le resbala suavemente la mejilla.

Mi cuerpo: territorio de lucha

Disfruto del sol, desnuda sobre la arena, y noto vuestras miradas. Os paráis a observarme sin tan si quiera disimular. ¿Para que? Os han enseñado que soy vuestra. No te desnudes si no quieres ser mirada. Me pongo en pie y os miro fijamente. Os vais. Estáis tan acostumbrados a poseer mi cuerpo con vuestros ojos y sin embargo, no sois capaces de sostenerme la mirada. Mi cuerpo deja de ser solo un cuerpo y se vuelve un espejo de vuestra cobardía. No me mires si no quieres que te devuelva tu reflejo.

El espectáculo no debe continuar

La vida no la ha tratado bien. Mujer barbuda los lunes. Mujer bala en días alternos. Tragasables a tiempo parcial y escupefuegos en horario de noche le provocan la digestión pesada. Luego sueña con plumas mientras duerme en su cama de pinchos. Desvela en voz alta sus secretos de faquir y sus trucos de maga. Mañana tiene trabajo de chica pantera y de mujer araña. Lo más difícil es llegar a casa y ser la diana de su novio lanzador de cuchillos. Teme que algún día no falle. Pero está ensayando un nuevo número de escapismo. Lo tiene todo preparado. Huirá por el doble fondo de los conejos y las palomas.
Cuando vuelva será la mejor domadora de fieras. 

Tus estrellas

¿Por qué las afilas tanto?
Sabes que las miro y beso
Las escucho y creo,
¿Por qué las afilas tanto?
Amo a tus estrellas
Que me desnudan y llenan

¿Por qué? ¿Por qué las afilas tanto?
Sabes cuánto me duele
Su luz me miente y da palos
Ellas nunca mueren
Y yo aquí, hecha pedazos

Deja de afilarlas
Déjame ya

Sus puntas me cortan
Mi piel sangra
Su fuego me quema
Mi ser se apaga

¿Por qué las afilas tanto?
Tus estrellas
Mis estrellas

Lo que nunca confesé

Tenía 14 años. Hacía calor, así que me puse unos vaqueros y  camiseta de tirantes. Mi novio pasó a buscarme para ir juntos a clase. Lo primero que dijo fue "¿Dónde vas así?". Él pensaba que con esa camiseta "iba provocando que me mirasen". Comenzó a apretarme la mano. Le dije que me hacía daño y respondió tirando de mis dedos hacia atrás, hasta que tuve que agacharme. Cuando estaba casi de rodillas, dijo "ya hablaremos" y me soltó. Me intentó convencer de que me había roto la muñeca porque me quería. No. El amor no hace daño ni mata. El dolor de muñeca desapareció en un mes. El de corazón, sigue apareciendo en algunas ocasiones.

Frío, corazón frío

Hace un año tuve el peor día de toda mi vida. Aquel día rompí mis propias barreras, dejé de engañarme, quizá era tarde.
Una noche me cuestioné mi vida, ¿Cuándo había perdido el destello en mi mirada?  Vi, en un estallido, interminables días iguales, sin luz ni esperanza de algo mejor. Me vi sumergida en un pozo, un eterno confinamiento gris, sin pasión y privada de ilusiones. Ya no había nada, todo se había ido y solo quedaba la claustrofobia de saberse muerta en vida. Carencias, miserias, pasos furtivos, y susurros. Estos pensamientos se me cruzaron como un relámpago. Aquello me consumió. 
Ojalá haberlo visto, ojalá los que lo veían lo hubieran señalado, llevaba demasiado tiempo muerta. 
Muerta. 

Ni una más

Hace unos años mi marido me agredía, era alcohólico, tenía que soportar sus borracheras y sus insultos, si no lo hacía, me pegaba más fuerte. Me llenaba el cuerpo de moratones y me dejaba la moral por los suelos día tras día. Intentaba cubrírmelos para no llamar la atención. Me levantaba desganada, sin ninguna motivación. Mis padres no sabían nada, ni mis amigas, no se lo había dicho a nadie por miedo a las consecuencias. Con el paso del tiempo empeoraba y me despertaba con el sueño de morirme.
Un día, me enteré de que mis vecinos habían denunciado la situación a la policía, pero ya era tarde. Los sueños se acaban cumpliendo.

Esperanza

No lo sabes, pero la diferencia nos hace iguales. Despierta al alba cada mañana, sin dilación; dime si descubres tu alma en el espejo, bajo tu rostro. Con una mano en el pecho piensa en sus latidos, la otra en tus labios, te recordará a su voz. Derrama lágrimas si fuera preciso, para derretir el velo que en tus ojos te impide ver la belleza. Encadena pensamientos que ericen tu piel, no hay tinta más eficaz para un tatuaje que la huella de un beso. No existe un cuerpo sin que haya sido inoculado por el amor, en algún suspiro del tiempo, en algún comienzo sin esperarlo. Si no eres tú, aléjate de ti mismo, para que tu pensamiento respire quietud, valentía y humanidad.

Ese día

Ese día se levantó antes del despertador. Miró al espejo, a sus ojos cansados, a su piel deshidratada, apretó más fuerte los labios y volvió firmemente al dormitorio. Miró a él y, después de años de haberlo practicado delante del espejo, le dijo: ¨Se acabó.¨ 
Normalmente él se hubiese reído; normalmente, ella lo diría llorando y temblando. Esta vez su voz sonó firme y serena. Esta vez los dos sabían que era de verdad.
Ella se puso un vestido (él nunca le permitía llevarlos para trabajar) y se pintó los labios.
Ese día por primera vez la profesora de matemáticas de un pueblo dio clase sonriendo y en vez de una fórmula escribió en la pizarra: SE ACABÓ.

El curso de cocina

La tarde en que cerró definitivamente la puerta de casa se tuvo que acordar de aquella mañana en que comenzó el curso de cocina. Su marido se lo había prohibido: le faltaría tiempo, no poseía habilidad para nada. Insistió en que no lo notaría y lo convenció a regañadientes. Poco a poco los miembros de su familia política le empezaron a ocupar la casa los fines de semana; les daba de comer y callaba. Fueron dos tensos cursos de estudios y exámenes, hasta que tituló en el grado superior de educación infantil. Les dejó una tarta en el frigorífico para endulzarles el adiós. ¿Qué no tenía habilidades?  Siempre estuvo segura de sí misma.

Será mañana

23 de noviembre  
Otro día más. Todo sigue igual, pero en mi interior algo ha cambiado. Cada día me cuesta más contenerme. Creo que el maquillaje ya no funciona.  Los niños empiezan a notarlo. Hoy uno de ellos ha venido a darme un abrazo de esos que rompen. Me ven triste. Sus rostros siempre alegres, ahora reflejan mi pena.

24 de noviembre  
Hoy al entrar al aula he recordado el abrazo de ayer y no he podido reprimir las lágrimas. Se hace muy duro estar en clase fingiendo. Ese abrazo hizo plantearme cómo salir adelante. Ni puedo ni quiero continuar así y ellos, con su inocencia, me han dado la fuerza para intentarlo. Mañana lo haré.

25 de noviembre
...

De Huevos y Habas

Sentado a la mesa escuchó incrédulo el portazo de ella al salir.
Sólo le había pedido que le friera un par de huevos ¿tanto le costaba? Él se pasaba el día trabajando y ella siempre allí en casa, que menos que tener al marido contento y no enfadarlo cada vez que hablaba: "que si acelgas, que si habas…".  Así lo tenía, verde de rabia. Quería huevos, no habas. Aquella idiota, veinte años en su cama y aún no sabía ni freír un huevo cuando a él se le antojaba.
Mientras en la cocina aún ardía el aceite, ella empezaba a echarle huevos a la vida, porque veinte años, a veces, es demasiada nada. 

Aquello que he encontrado

No recuerdo la última vez que bailé bajo la lluvia. Las luces iridiscentes del furgón policial estallan contra el tapiz acuoso mientras giro bajo el infinito marco geométrico de mi propia libertad, la misma que me ha sido otorgada por obligación.

Aquellas palabras de puro desprecio, las últimas, vuelan hacia mi baile mientras su voz se ahoga en el olvido; pero logro transformarlas en una melodía digna de ser escuchada, de ser vivida. Nunca he sentido la necesidad de que una noche sea eterna. Vuelvo a girar una vez más…

He encontrado un océano con mil mares que quieren caer para empaparse de mí.

Un día distinto

Me encanta caminar, pero me gusta hacerlo sola.
Todas las noches, vuelvo a casa de trabajar acompañada. Solo me acompañan por tramos, en rectas, hasta que viene un coche detrás… Sin embargo, no me gusta que se empeñen en hacerlo. Me gritan, me silban, me hablan, me preguntan si me llevan… Yo me pregunto si acaso no tengo piernas.
Adoraba mis pies cuando era niña y servían para trasladarse por el mundo. Para volar. Desarrollé el aparato locomotor adecuadamente con la intención de ser libre; pero hay otros desarrollos que nos educan para condenar y que me condenan.
Hoy, he vuelto caminando a casa después de trabajar y un coche se ha parado a mi lado. Solo estaban perdidos.

Las alas misteriosas

Desde el día que acabé con él, me han salido unas curiosas alas en mi espalda.

Todas las miradas parecen fijarse en ellas, lo que me avergüenza bastante, pero he decidido no mirar a nadie y caminar firmemente con seguridad hacia delante.

He de reconocer que de vez en cuando aún me cuesta controlarlas, cuando jugueteando revoltosas se abren y cierran, obligándome a tocar el suelo.

-¿Que de qué color son? Ni idea, pero poco a poco me van pareciendo más ligeras. Será que me estoy acostumbrando a ellas.
¿Lo puedes creer? Hasta me ayudan a mi paso a cerrar puertas entreabiertas.

Ahora ya no puedo vivir sin ellas.

-Gracias, Miedo, por el regalo que me hiciste en tu despedida.

Elementos inalterables

Uno de los elementos inalterables en nuestra historia es que el conocimiento nos ha traído problemas, pero generalmente, nos ha beneficiado. Por mi parte puedo decir que, cuanto más leo, más herramientas encuentro para razonar, lo que permite ser autosuficiente y poder alejarme, con contundencia, de la mala órbita. Con ello he ganado poner a salvo mi vida y la de los míos. Por eso, niños, hay que leer y relacionarse con quien ha leído y viajado. Procurad que esto os guíe hacia quien verdaderamente os impulse arriba, no quien que hunda abajo y de rodillas, suplicar perdón y volver

La voz de Mario

Mario ha llegado triste.

-¿Ha pasado algo?

-Unos niños han hecho llorar a Alejandra. Yo quería ayudarla, pero no sabía cómo.

-Pues la próxima vez les explicas que eso no está bien, que no se debe hacer llorar a otra persona. Si no te hacen caso debes acudir a una profesora para que os ayude a resolver el problema. ¿De acuerdo?

Durante la cena, Mario, con voz tranquila se dirigió a su padre:

-No deberías insultar y gritar a mamá, no está bien que la hagas llorar.

Mi marido lo miró con desprecio sin responder.

Mario me miró.

-Vamos a tener que hablar con una profesora ¿verdad?

Hoy las lágrimas han sido menos amargas.

Golpe

Rompió el silencio y el llanto. Temblaron las paredes, los huesos y hasta la última fibra de su ser. Sonó con fuerza alertando a los vecinos, acostumbrados a ruidos terribles en el rellano. 

Había dado un golpe con el que esquivaría todos los demás, definitivo, el de la puerta de casa al cerrarse a su espalda. En la calle dejó de temblar, las marcas de su piel y debajo de ella dejaban de doler, y de golpe María volvía a sonreír.

Aunque el camino duela

Ella estaba apostada frente al mar y un nuevo interrogante emergía del rescoldo de sus fuerzas. Incesantes paréntesis la retrotraían a lo más nefando y monstruoso de su profusa experiencia conyugal. Los espacios de su niñez le habían evocado la convicción de merecerse la estima de los semejantes, aunque se afligía lacerada al reconocerse como escultura diseñada por él con trazos diabólicos durante los últimos años. La mano firme y la hiel en los labios habían socavado sus cimientos.

Culminada la catarsis, se redimió con el compromiso de capitanear su periplo. La autodevaluación corrosiva y armónica con los miedos y pesadillas ,que todavía la achechaban , sólo reflejaban el ayer.

El amor no es un peligro mortal.

¡Actúa contra la violencia de género!

Eliminar un moratón, un golpe y el dolor.

Eliminar el miedo, la cobardía y la culpa.

Eliminar las lágrimas, la tristeza y la desazón.

Eliminar la ofensa, el daño y la violencia.

Eliminar las peleas, la ira y la indiferencia.

Incluir la valentía, el coraje y la fuerza.

Incluir el respeto, la sensibilidad y la empatía.

Incluir el amor, la madurez y la alegría.

Incluir las caricias, los besos y los abrazos.

Cambiar los golpes por palabras.

Cambiar los gritos por susurros.

Cambiar la desigualdad por igualdad.

Transformar la negatividad en positividad.

Transformar la pena en felicidad.

¡Actúa contra la violencia de género!

¡Tú puedes con todo!

¡Sal y di: basta!

Mujer valiente

Sus caricias abrasadoras me marcaban el cuerpo. Sus palabras, el alma.
Mi corazón se cerraba a la par que sus puños, su arma.
Las lágrimas invadían mi cara tras el contacto con su piel.
Las palabras herían a otro nivel.
Pero algo brillaba más allá: la esperanza.
Una salida, un adiós para siempre cargado de fuerza.
Cerrar esta puerta al dolor, y a mi maltratador.
Resurgir como el ave Fénix.
No volver la vista atrás. Curar mis heridas.
Dejar que mi piel olvidara el rastro de sus caricias.
Gritar al mundo mi libertad. Gritar al mundo sin piedad.

Culpa

¿De quién es la culpa?

De los gritos cada noche, de los insultos, de los golpes, de las vejaciones, del control.

¿De quién es?

¿Por qué no puedes salir con tus amigas una tarde sin ser controlada? ¿Por qué no puedes ponerte ese vestido que tanto te gusta?

¿Es por tí?

Hubo un momento en el que pensaste que sí, que era culpa tuya. Que te lo merecías. Que él necesitaba ayuda, y que tú eras su princesa, su amada, aquella que le rescataría.

Pero no era verdad.

La culpa no es tuya, ni de tus amigas, ni de tu "ropa provocativa", ni de tu familia, ni de tus vecinos.

La culpa es suya. Del maltratador.

Siempre lo ha sido.

Tres dígitos

Empujé la puerta con mi espalda. Cerré con pestillo, pero seguía pensando que así era más seguro.
Un golpe más y habría caído inconsciente. No me quedaban fuerzas ni para huir.
El móvil estaba tirado en el suelo del baño frente a mí. Lo cogí con mano temblorosa.
  • ¡ABRE LA PUERTA, ZORRA!
Pulsé el icono de llamada.
  • ¡¿QUIERES CABREARME MÁS?!
0
  • ¡ TE VOY A MATAR COMO NO ABRAS AHORA MISMO!
1
  • ¡ NO PUEDES ESCAPAR DE MI, ¿ME OYES?!
6... "Está llamando al servicio de información y asesoramiento en violencia de género. Si se encuentra en una situación de emergencia llame al 112..."

La lacra

¿Qué ejemplo damos a la sociedad si a los diablos de La Manada les permitimos parecer ángeles?, ¿en qué lugar queda la moral cuando todo vale y para defender hay que atacar? Y en un tema tan serio como los malos tratos también me gustaría preguntar después del caso de Elda, del pasado 10 de noviembre, y de que quedara en libertad el asesino de su exmujer: ¿Quién juzga a quienes dejaron en libertad a un hombre que a las pocas horas disparó a bocajarro a su exmujer a la salida del colegio de su hijo? Todo es demasiado vil y deleznable para ser real, pero es como la vida misma y quedan muchas preguntas sin responder.

Era una tarde de octubre

Era una tarde de octubre. Llovía; él llegaba a casa un poco antes de lo habitual. Al entrar, se sorprende; ni una luz, ni un ruido. ¡Ya estamos!. Se dirige a la cocina y en la mesa...una nota.

Me he ido; ¡no me busques!. Hace tiempo que tenia que haber tomado esta decisión; pero como?, yo te quería de verdad. Ahora ya no: no soporto tu cara, tu voz, tu olor, vivir en ese miedo. Miedo ¡SI!, miedo de ti, pero también miedo de mi. También yo podría hacerte daño; ¡que te piensas!!
Adiós.

Yo ya he pedido ayuda, creo que tu también deberías pedirla.

Ha dejado de llover. Ella camina. Cogido firme y dulcemente de su mano; su hijo.

La flor oscura del jardín

Me regaló una rosa carmesí.
Treinta años después sigo sangrando.

El blindaje de lo textil

Su rol de limpiadora en aquel juzgado debería haberle ayudado a salvar la barrera de su silencio pusilánime, pero posponía exteriorizar su tragedia cotidiana por pavor a sus manos expeditivas de guardián de la noche.
Conciliar la sonrisa pública con el ocultamiento de los moretones domésticos la había convertido en la mejor actriz del palacio de justicia.
Él confinaba su diversión maltratadora a territorios cubiertos por la nubosidad de lo textil.
Anoche le descuidó un golpe por los alrededores del codo. La manga corta evidenciaba una epidermis verdinosa que bastó para el abordaje de aquella abogada de oficio intuitiva.
—Vamos a por él…
Marga asintió y, lacrimosa, se subió la blusa hasta los pechos para demostrar lo salvaje.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Daño colateral

Era temprano cuando su padre la levantó de la cama, hoy tocaba tenerla a él durante el fin de semana. Ella, con sueño se despidió de su madre. Su progenitor la dijo:
-Sé que eres lo más importante para tu madre.
Mi padre se estaba volviendo loco y creía hablar con extraterrestres.
Esa mañana había nacido espléndida, paseó junto al acantilado para ver el horizonte azul, escuchó unos pasos tras de ella y mientras caía, recordó en su caída a la madre esperándola a la salida del colegio sonriendo como siempre

La equidistancia de las famosas dirigiéndose al portal

Cariño, no parece creíble que lo de tu moratón en el pómulo haya sido a causa de un puñetazo. Suena raro lo de tus costillas, rotas porque estamparon tu cuerpo contra la pared… o que esas marcas que dices tener en la espalda sean producto de zarandeos y golpes. No entendemos que a alguien le importe si usas más o menos maquillaje, nos cuesta creer que te amenacen o incluso te peguen por cómo vas vestida o por mover esa cintura de avispa con tanta gracia. Nadie puede hacernos daño, Barbie, somos muñecas y además, tú tienes a tu Ken, que aunque es un poco celoso, sabemos que te cuida y te protege.

Trauma

El recuerdo de mi padre insultando a mi madre y, a veces, golpeándola me ha perseguido toda mi vida. Las súplicas de ella rogándole que parara atronan todavía mi mente. Hoy, frente a la que es mi mujer aquellas imágenes han vuelto a cobrar vida en mi cerebro.
Hace un momento hemos comenzado una desagradable discusión, he cogido una estatuilla de bronce del comedor y con ella he golpeado fuertemente su cabeza. Su cráneo se ha partido en dos y ha caído al suelo en medio de un charco de sangre. Creo que está muerta.
Ahora, en el balcón, pienso en esa escena y en mi madre. Voy a saltar.

Tras la muerte

Me vigila. Vaya donde vaya, su mirada está en mí. Sabe dónde voy. Sabe dónde estoy. Camino por la calle pensando que cualquier persona puede ser él, puede ser sus ojos, su sombra.
Entro en mi casa. Lo ha sido durante toda mi vida. Pero en el momento en el que veo desde arriba lo que hay dentro, deja de serlo.
Mi cuerpo, inerte, sobre la alfombra. Sangre por el suelo. Él, de pie a mi lado, cuchillo en mano. Se oyen sirenas en la calle.
—Manos arriba.
Gritos, insultos... Y disparos. Dos. Su cuerpo cae al suelo junto al mío. Entiendo lo que pasa. Trato de huir, pero aparece delante de mí, cortándome el paso.
—¿Dónde ibas, mujer?

Hermanos

Mis padres pretendían hacerlo bien. Construyeron una casa de tres pisos. Ellos en el primero, mi hermano en el segundo y yo en el tercero. Hace tres años murió nuestro padre; nuestra madre está bien atendida y acompañada. Antes de subir a casa, entro siempre a verla. Hace varias semanas que la encuentro triste. Le pregunto y no me responde. Creo saber por qué. Los gritos se oyen más hacia arriba, pero los golpes resuenan más abajo. Hoy la he encontrado llorando. Al subir a casa, he cruzado veloz por delante de la puerta de mi hermano. Me he tapado los oídos. También mi mujer llora. No aguanto más. Voy a llamar al 016.

La casa de su sangre

El otro, hombre o mujer, siempre muerto cuando llegaba el amanecer tumbado sobre la fría baldosa de la puerta de casa. La octogenaria vecina curioseaba tras los visillos con naturalidad. Nadie abría la puerta y las farolas de la calle se apagaban tenuemente. Golpeaba la puerta violentamente, pero nadie respondía. Permanecía apoyado en los escalones de la entrada. El alcohol y los remordimientos le asaltaban cada día. Nunca volverá adentrarse en la casa de su "sangre". Ellos marcharon para no regresar jamás. Había atentado contra su familia nuclear. La mujer del visillo tuvo que telefonear con sus dedos temblorosos al 112

Hijas, no princesas

Poco antes de que los domingos fueran amargos, comentaba siempre mi madre que sus hijas eran un regalo. Pero mi padre, pensaba continuamente que sus pequeñas princesas no cambiarían de "alas". No queríamos que siguiera tratándonos como altezas, sino como hijas con sus derechos y deberes. Por eso, todos los domingos, era una verborrea agresiva entre ambos sobre este trato infantil . Al final, mi madre comentó que el resto de la semana, cuando no estuviera él, tendría solamente unas mujeres felices

Heridas sin cicatriz

Desde el día que murió entra al baño en penumbra cuando se levanta, prepara un café solo y coge fuerzas para seguir sacando sus cosas de la casa. Se ha apuntado a clases de pintura; sigue muy triste aunque nota que ya apenas le miran la cara. Aun se siente pequeña porque él le ganó demasiadas batallas, la del desprecio, la vejación y la humillación, pero se arma de valor y no descansa. Además, esta vez tiene la certeza de que no morirá en la batalla, y está convencida de que la tristeza se irá en cuanto deje de verse las marcas en el espejo al lavarse por las mañanas.